Llegiu aquesta entrevista a qui ha viscut 15 anys al carrer.
“Cuando eres indigente, causa más dolor la compasión que el desprecio”
un parell de trossos destacables:
A veces, las personas que te dan limosna me decían que no me la gastara en vino. Yo les decía que me lo gastaría en lo que necesitara. Esas personas no saben que el vino es lo único te aguanta de pie, que evita que te acabes de volver loco y que los recuerdos que llevas dentro te acaben destruyendo.
Hay algún momento de tranquilidad, algún día que has conseguido vender un cuadro bien, te vas para la montaña con tus cajoncitos de vino y el tabaco, te pones más o menos tranquilo y ves una puesta de sol preciosa. Pero encontrarte en este estado de tranquilidad tiene doble filo, porque piensas que todo eso lo tenías cuando eras tú mismo, tenías otras cosas alrededor, a gente que querías y que te quería. Y estás ahí completamente solo. El sol y la primavera son para todos, pero en algunas circunstancias se convierten en una tortura.
Jo m’he creuat dues vegades amb gent que viu al carrer. L’últim al súper Dia on ell hi anava a comprar cervesa. Només volia una llauna de cervesa i després de parlar una mica el vaig convidar. Ell estava content i agraït i a mi em va costar 27 cèntims.
Un altre me’l vaig trobar a la plaça Universitat. Em demanava diners i vam parlar una mica. Abans de dir-nos adéu estava més content de la conversa que pels diners (uns 10€). Era fill de les motxilles que van fer servir els primers catalans que van anar a l’Everest.









